Search in:

Ya son 18 años de esperar.

img_0107.jpg

Mi resumen de mi la últimos 12 meses.

Ayer 22 de septiembre fue una fecha que siempre recordaré, si el 22 de septiembre de 1999 fue el día que quede en silla de rueda luego de someterme a una operación de rutina, para corregir un problema en mi columna vertebral.

Entré caminando sin embargo mi salida del centro médico no sería igual. Salí en una silla de ruedas.

De las cosas que recuerdo de hace 18 años, fue que era un día frío había un tipo temporal, recuerdo despertar en cuidados intensivos y ver por los ventanales del hospital de niños de mi país el viento y la lluvia, y pedirle a la enfermera que me diera una cobija, después de la explicación de por qué no podían darme una, ella (la enfermera) frotó sus manos sobre mis piernas para calentar, y fue en ese momento cuando me di cuenta que no sentía mis piernas. Sobre qué sucedió y como me sentí lo he contado muchas veces. (Lo pueden leer en www.TattoVargas.com)

Esta vez quiero escribir algo por este medio, no me importa como suene o si lo que escriba suene bonito o no.

Llegar a los 18 años de estar en silla ha sido muy duro, sin embargo Dios ha estado ahí en esos días tristes, en esas noches solas, en esos momentos donde mi salud no ha estado bien, donde una madrugada de octubre recibí la noticia de que mi querido sobrino había muerto en un accidente automovilístico y donde no podía hacer nada, incluso ni levantarme de mi cama para no despertar a nadie en casa y se preocuparan, para que mi mamá no recibiera esa noticia a esas horas. Eso momentos donde deseaba salir corriendo donde mi hermano, cuñada y mi sobrino mayor Allancin para darles un abrazo en un momento de dolor. Y no poder levantarme de mi propia cama.

También cancelar un evento muy muy significativo en mi vida un mes atrás de ese fatal evento, dolió en corazón.

Llegue a estos 18 años sufriendo de una úlcera de piel en mi pierna “casi nalga” jeje! Fueron 4 años con esa úlcera esperando con toda mi fe de que cerraría, sin embargo los doctores que Dios puso en mi camino vieron la posibilidad de hacer una cirugía y cerrar esa herida, eso fue lo que Dios permitió que pasara, el 25 de Mayo del 2017 me sometí a la cirugía, nunca había sentido tanto miedo y tantas ideas confusas, y eso que se en realidad que es estar en más de 10 cirugías en este proceso, pero está fue la que más me asustó, sabía que la recuperación iba ser dura, que requería de no moverme y permanecer de medio lado por más de 15 días. Fueron 22 días donde todo todo era en cama. Y no digo que fue la más dura (operación) ya que no se compara con lo pasado en 1999, solo que esta vez sentí miedo, un poco de soledad, nervios y demás. La incomodidad de estar de medio lado y el dolor en mi cuerpo era de casi 24 horas, momentos en los cuales sonreía para no llorar, para mantener la calma y que mi familia bella no se preocuparan tanto.

Y si escribo de mi trabajo, de mi empresa que Dios me dio para cuidarla, estos últimos 24 meses la vi casi desaparecer, y sin poder hacer nada. La radio, que me apasiona tanto, tuve que suspender programas, con los programas suspendidos, muchos “amigos” desaparecieron, e incluso el darme cuenta por otros medios de que estaban en otro lado me alegraba porque no moría el programa, pero si dolía el saber que se hizo a espaldas y que no se tomaron la molestias para contarme y solo quedar una vez más sin poder hacer nada. Y ver cómo esa torre casi de derrumbaba.

Trabajar en mi iglesia con el grupo de jóvenes es algo que agradezco a Dios el privilegio que me dio, el poder compartir con tanta gente bella, aprender de ellos, sonreír en los buenos momentos y llorar en las dificultades también con ellos fue grandioso y fue grandioso por que siempre se hizo para Dios y no para mi beneficio o ego, sin embargo por lo pasado tuve que renunciar al cargo que confiaron en mi, y esa pasión en parte fue opacado debido a que no podía hacer las cosas por la herida. Que si me sentí triste por no poder seguir, claro que si y tal vez una de las que más dolieron.

Si, Dios puso una doctora en mi camino (el único nombre ajeno a mi familia que mencionaré en esta nota) la Dra. Gabriela Madrigal, ella ha sido en estos últimos años un miembro más de mi familia, me ayudó a más no poder, que trato de todo, se preocupó no solo por la herida si no también por mi bienestar emocional. La llegue a ver lunes y jueves por mucho tiempo, a veces me regañaba por un descuido y se que muchas veces más también se preocupó más de la cuenta y también salía yo regañado, la llegue a ver como una tía o una hermana (Kita hermana mía no se me ponga celosa se que tú eres mi única hermana) la vi llorar también un par de veces, aunque ella se hacía la valiente, ella me atiendo como si fuera un rey al igual que los demás pacientes que ella tiene a cargo. Una sonrisa o mejor dicho una cargada me recibía casi siempre. Sin embargo todo ese esfuerzo realizado por ella y de mi parte no fue lo suficiente para este caso en específico ya que mi cuerpo rechazaba casi todo los medicamentos y los que si servían, llegaba el momento que se estancaban y bueno, aunque la la idea no me gustaba me tuve que operar, lo que tanto intentamos evitar y tanto trabajamos.

Que si estos últimos 12 meses han sido fáciles , les digo la verdad… No, han sido una pesadilla de la cual la he vivido despierto. Luchando contra todo, y más aún ese cansancio físico y mental, de llegar a ciertos momentos y decir “ya me quiero dar por vencido” y no ese “Tatto” luchador que la gente conoce.

No me di por vencido por querer ver y ayudar a que alguien más sonriera con alguna cosas, con alguna tontería que yo pudiera hacer. No podía darme por vencido al ver el sufrimiento que pasaba mi mamá cada noche de cada 14 de cada mes llorando hasta pasar el día 15, recordando a mi sobrino Jose, a su segundo nieto. El oírla llorar en algún lugar de la casa tratando de que nosotros no la escucháramos fue duro, ya que no podía hacer nada. No podía ir abrazarla por que por algunas circunstancias no podía.

Hubo un momento donde los sentimientos comenzaron a chocar y lejos de causar dolor comencé a sentir que las cosas me daban igual, algo que nunca había sentido, siempre me preocupa por todo el mundo, pero poco a poco eso comenzó a desaparecer, como que el corazón se endureció. Y solo quedaba la preocupación por los familiares más cercanos. Algo que cuando me di cuenta que estaba pasando medí ayuda, ya que no quería que ese sentimiento o falta del mismo me hiciera una persona muy fría.

Todavía ayer 22 de septiembre, llore con mucho dolor mientras oraba, mientras hablaba con mi papá celestial (si Dios) pidiéndole que no me soltara, que lo único que ha dado vida ha sido por El. Que por el vivo y que reconozco que en sus santas manos está la vida, la vida que el me ha dado hasta el momento. Que el tiene el control de toda mi vida y de cada momento vivido en este caminar.

Es cierto que mucha gente y cosas desaparecieron, pero algo cambió en estos últimos meses que me ha gustado mucho, y es ver a mis hermanos pasar a despedirse cada noche, así como mis padres. Tal vez para el que no es tico no comprenda esto, pero los ticos normalmente familiarmente somos de abrazos y besos, y es probable que digan que el no despedirse o saludar bien es normal, pero no para un tico como yo, uno que ama a mi familia.

Termino con esto: si, este año no fue fácil para nada, pero a pesar de todo esto puedo decir “hasta aquí Jehova me ha ayudado”, El no me ha abandonado, en el momento en el cual ya voy a tocar suelo, El, ha enviado a alguien para hablar, para traer una palabra de aliento. Dios nunca me prometió que nunca iba a sufrir, pero si prometió que estaría conmigo como poderoso gigante, que el sería mi fortaleza y mi refugio para cuando yo decidiera buscarlo, prometió que el no me abandonaría, me ha enseñado que aunque todo desaparezca, El nunca desaparecerá. Que aunque el viento sople fuerte y halla tormenta y mi barco quiera hundirse, El va conmigo en el mismo barco y que no tengo por qué preocuparme ya que solo basta una palabra de Él para que el viento se calle y el mar se calme. Y me ha enseñado de sobre gran manera a depender de El en toda mi vida y en todas mi cosas. Es difícil dejar todo a un lado y uno no hacer nada, y depender de Dios por completo, pero vale la pena, vale la pena depender de Él. Por que el conoce todas nuestras necesidades.

Un abrazo.

Eduardo “Tatto” Vargas

Comparte esta nota con un amigo!